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MONTUNOS EN PEREGRINACIÓN
A Karla Lara y Alba Ochoa
Orquestación de pasos
en el piano de las calzadas,
un diccionario de risas y de hablares:
su escena un origen de guancascos
haciendo romper dictaduras pétreas
para inicios de historias nuevas
de vida con cultivos de bien y ocarinas.
El oriente, el poniente,
el norte y el sur
uniéndose en un encuentro de caminos
en entonaciones y sonoridades,
cuerdas vocales,
gritos y consignas,
colores y giros de aurora,
para que los sordos oigan
y los ciegos miren
y caminen con nosotros,
los más, de los menos siempre en menos.
Y en las fuentes agua
y gente espléndida dando burritas,
tortillas y cariño a los peregrinos.
Montunos procedentes de la decencia,
bienvenidos por la vergüenza,
yendo con mesura,
viniendo en un crédito tesonero
y una batahola de fe y decoro.
Caminando, caminando, caminando.
¡Aviso!
Estamos siendo reprimidos
¡Aviso!
Vamos desarmados, sólo tenemos nuestro honor.
¡Aviso!
Hay golpeados, heridos, detenidos, desaparecidos.
Carnaval de golpes,
sones monstruosos,
instrumentos de muerte,
danza de gases,
multitud de alaridos.
El éxodo de la montaña viene a la ciudad:
sangre es la comisión de este poderío,
cadenas de la esclavitud, su mando de muerte.
No por ello
la huella de la solidaridad se rompe;
la peregrinación se hace a la manera de la gente,
toma respiro,
y alegra el aguante,
porque recibe fraternidad.
Aquí también hay bondad aunque sea reprimida.
Pero la ciudad es un fuerte plantado de alevosía:
tumbas para las rutas del tiempo,
seguros y bombas, bayonetas,
disparos desde los helicópteros
y las cárceles en movimiento.
Creados esclavos, soldados y policías,
disparan, no reparan, golpean.
La ciudad es de manos ensangrentadas,
una brava rabia de no pensar,
de herir.
Y hoy el montuno no ha venido a gastar;
se le ocurre, reclamar.
La ciudad es una tienda;
montuno
¡tanto traes, tanto vales!
¡A tus montañas y al monte, montuno!
que estas calles y estas mansiones
no te pertenecen:
dicen los garrotes.
Queda huir hacia los barrios
y los solares baldíos,
porque en baño de sangre
se ha convertido en la cortesía
y la religión de los escaparates.
Complejos y originales, tras los escudos,
dentro de las máscaras antigases,
los prototipos se vuelven diablos
y su talento una orquesta de espanto.
Tras bambalinas, alguien goza esta danza,
de comienzo a final y firma una letra de cambio.
Y no se explica, por qué,
estos montunos piden patria
sin la menor vergüenza.
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